|
DIARIO DE CUARENTENA
CAPÍTULO xXiII
|
|
Vigésimo tercer día de
cuarentena.
Desde mi terraza puedo ver el
mar.
El mar o la mar. ¿Cómo se dice?
Recuerdo el poema de Rafael
Alberti que se titula así: El mar. La mar.
Pero no recuerdo si aclara si es
el mar o la mar. Aunque en la primera estrofa escribe:
El mar. La mar.
El mar. ¡Solo la mar!
Lo dejaré ahí: ¡Solo la mar!
Hay días que veo nuestro mar
tranquilo y otras veces agitado o muy agitado. Me he dado cuenta de la suerte
que tengo de poder disfrutar de ese pedacito de mar, aunque sea desde lejos.
También soy consciente de todos
los paseos que, bien por la orilla del mar o bien por el paseo marítimo, nos
estamos perdiendo. Bueno y de las ganas que tengo de, aprovechando ese paseo,
parar en algún chiringuito y pedir un espeto, unas coquinas, unos calamaritos,
una ensalá de pimientos (sí, ensalá. En mi casa no se comen “ensaladas”. Ea),
o lo que sea y por supuesto una cervecita bien fría. Ya puestos que sean dos.
También recuerdo cuando viví en
Tenerife que nos pasábamos horas en el espigón del puerto, del Puerto de la Cruz (mi primer destino definitivo), comiendo pipas o
frutos secos, frente al océano, mirando las olas ir y venir y esperando ver
cómo el Sol se ocultaba por el horizonte.
Allí empezó a gustarme vivir
cerca de la costa. Por eso vivo ahora en Torremolinos.
Pero ese amor no es
incondicional. Es compartido.
El penetrante olor a mar, cuando
está agitado, solo es comparable al intenso aroma a pinos, a romero o a
espliego en los días de viento de mi querida Sierra de Segura.
Puede ser que algún día te
cuente, diario, querido diario, cuánto amo al lugar donde nací, allá en la
Sierra de Segura. Sí. Te contaré algo, pero será en otra ocasión.
Hoy mi último pensamiento para
estas líneas es para el mar. El mar o la mar. ¿Cómo se dice?
El mar. La mar.
El mar. ¡Solo la mar!
Querido diario. ¡Solo la
mar! Mañana más
|
lunes, 6 de abril de 2020
DIARIO DE CUARENTENA. Capítulo XXIII
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario