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DIARIO DE CUARENTENA
CAPÍTULO XL
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Ni que decir tiene
que hay día buenos y otros no tan buenos.
Hoy ha tocado otro
no tan bueno.
Montones de correos
electrónicos, cientos de whatsapp, órdenes contradictorias, me piden “cosas”
tan urgentes como si fueran para ayer, de locos.
Pero no pienso
dejar a un lado lo que tenía previsto para hoy.
Para celebrar el
día del libro he pensado compartir con mi clase, y sus familias, por
supuesto, unos capítulos de un libro titulado “FANTASMAS EN LA SIERRA”.
Hoy, después de
este capítulo añadiré en el blog el prólogo de ese libro. Pero por si hay alguien
de mi clase que se ha despistado y no sabe de qué hablo, voy a aclarar que
ese libro lo ha escrito el mismo que está escribiendo este diario.
Sí, ese mismo.
Y como sé que
vendrán muchas preguntas sobre el libro, quiero aclararte, diario mío, que no
está a la venta. Que solo se encargó una edición y que ya está agotada. Y es
posible que no haya una segunda.
En el prólogo se
explica, creo que bastante bien, de qué va el libro y el por qué fue escrito.
Poco a poco se irán
incluyendo fragmentos de los distintos relatos que componen el libro.
Lógicamente no se
va a publicar en el blog todo el libro, pero sí capítulos o relatos
completos.
Y llegados a este
punto he de aclarar que quien lo ha escrito no es ni pizca de escritor, ni
siquiera mediocre.
Pero he de decir en
su favor que disfruta, y mucho, escribiendo cuentos o relatos solo y
exclusivamente por el placer de escribirlos y que no está en su deseo más que
su familia comparta con él esta afición.
Querido diario. Una
de fantasmas. Mañana más
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FANTASMAS
EN LA SIERRA
Siempre que se hace una historia se habla de un viejo,
de un niño o de sí. Pero mi historia es difícil: no voy a hablarles de un hombre común. Haré la historia de un ser de otro mundo.
…….
Es una historia
enterrada Es sobre un ser de la nada.
Canción del elegido. Silvio Rodríguez (De su disco “Al
final de este viaje...” 1978)
En mi
adolescencia, en pleno auge de cantautores de todo tipo, me causaba
admiración un cubano llamado Silvio Rodríguez.
Una de mis canciones favoritas de él comenzaba con estas palabras: “Siempre que
se hace una
historia se habla
de un viejo, de un niño o de sí. Pero mi historia es difícil, no voy
a hablarles de un hombre común. Haré la historia de un ser de otro
mundo. Es una
historia enterrada, es sobre un
ser de la nada”.
Esta canción
me vino a la cabeza al empezar a imaginar este libro y he llegado a pensar
que son sus palabras las más adecuadas para comenzar mi historia ya que trata
de personas comunes, de seres de otro mundo, son historias de seres de la nada.
En
mi familia, cuando nos reunimos en la casa heredada de mi madre, tenemos la
costumbre de salir a dar un paseo cuando cae la noche, con la única luz de la
luna y las estrellas.
Esta casa está situada en pleno corazón de la Sierra de Segura, en el
término municipal de Santiago-Pontones, en una aldea llamada Peguera del
Madroño y está llena de lugares especiales como el Tornajo, la Lomica del
Arenal, el horno, el Portillo, los Llanos y naturalmente sus calles y sus
genes. También podemos disfrutar, en los alrededores, de parajes tan
singulares como el Collado de la Mora, el Puntal de la Misa, la Fuente de los
Cuatro Caños, la Cueva del Agua, el Collado de Góntar, un dolmen prehistórico
o el pantano de las Anchuricas, por nombrar
algunos.
Cuando
salimos a pasear de noche, a veces el cielo está plenatamente lleno de esos
maravillosos puntitos que brillan, otras veces, bien por alguna nube o bien
por esa inmensa luna llena, no se pueden apreciar.
Pasear por la
noche, en cualquier época del año es una costumbre que nadie quiere perderse
y cuando ya es noche cerrada y alguien dice que se va a pasear todos los
demás presentes se apuntan y comienza uno de los momentos más emocionantes y
más esperados por todos.
Empezamos contemplando las estrellas y constelaciones que
adornan el cielo, siempre buscamos la Osa Mayor y a partir de ahí vamos
recordando el nombre de las estrellas y constelaciones que conocemos: Vega,
Arturo, Antares, Alkaid, Casiopea, Cefeo, Escorpio, etc. Pero, sin lugar a
dudas, lo más maravilloso es contemplar, a simple vista, la Vía Láctea, que
allí la llaman El Camino de Santiago. Algunas veces, si está bien
posicionado, podemos contemplar un pequeño puntito rojizo que corresponde al
planeta Marte.
Volvemos del
paseo y vamos al tornajo, que es un sitio con un encanto especial: es una
fuente de agua pura y fresca donde solemos llenar a diario las botellas de
agua, también hay un espacio hecho de cemento donde antiguamente las mujeres
iban a lavar la ropa y además es el antiguo abrevadero del cortijo donde iban
mulos y burros a saciar su sed.
Después comienza otro ritual,
posiblemente más espe-
rado sobre todo por los más pequeños, que consiste en rela- tar todas
esas historias que corren de boca en boca y de generación en generación y que
tratan temas de misterio, de fantasmas o de aparecidos.
Con este
libro pretendo recoger algunas de estas historias, tantas veces repetidas,
pero no por eso exentas de poder olvidarse y que me han sido contadas por
otros fami- liares o por lugareños prestos a contarlas siempre que haya
alguien dispuesto a oírlas.
Estas
historias no son fruto de la imaginación de los lugareños, sino que son
sucesos ocurridos a familiares, amigos o vecinos que me han ido contando a
través de los años.
Las contaré siendo lo más fiel posible al relato original y me permitiré sólo
la pequeña licencia de adornar, en mi
pobre entender, el relato a fin de hacerlo más atractivo. Algunas de estas historias están contadas en
primera persona. Y lo he hecho así porque por suerte o por desgracia, esto
nunca se sabe, yo he sido protagonista en un par de ellas.
Como es
lógico he cambiado algunos nombres, tanto de los lugares donde han ocurrido
los hechos que se cuentan en estas pequeñas historias o de las personas que
aparecen en ellas, ya que algunas todavía viven y me han manifestado el deseo
de no aparecer en este libro de relatos de misterio.
Sin
embargo, sí he respetado el nombre de las personas de mi familia que aparecen
en estos relatos, no sé si por vanidad o como un homenaje a todas las
personas que han convivido conmigo, me quieren, respetan y aplauden este
trabajo.
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