jueves, 23 de abril de 2020

DIARIO DE CUARENTENA. Capítulo XL


DIARIO DE CUARENTENA
                          CAPÍTULO  XL

Ni que decir tiene que hay día buenos y otros no tan buenos.

Hoy ha tocado otro no tan bueno.

Montones de correos electrónicos, cientos de whatsapp, órdenes contradictorias, me piden “cosas” tan urgentes como si fueran para ayer, de locos.

Pero no pienso dejar a un lado lo que tenía previsto para hoy.

Para celebrar el día del libro he pensado compartir con mi clase, y sus familias, por supuesto, unos capítulos de un libro titulado “FANTASMAS EN LA SIERRA”.

Hoy, después de este capítulo añadiré en el blog el prólogo de ese libro. Pero por si hay alguien de mi clase que se ha despistado y no sabe de qué hablo, voy a aclarar que ese libro lo ha escrito el mismo que está escribiendo este diario.

Sí, ese mismo.

Y como sé que vendrán muchas preguntas sobre el libro, quiero aclararte, diario mío, que no está a la venta. Que solo se encargó una edición y que ya está agotada. Y es posible que no haya una segunda.

En el prólogo se explica, creo que bastante bien, de qué va el libro y el por qué fue escrito.

Poco a poco se irán incluyendo fragmentos de los distintos relatos que componen el libro.

Lógicamente no se va a publicar en el blog todo el libro, pero sí capítulos o relatos completos.

Y llegados a este punto he de aclarar que quien lo ha escrito no es ni pizca de escritor, ni siquiera mediocre.

Pero he de decir en su favor que disfruta, y mucho, escribiendo cuentos o relatos solo y exclusivamente por el placer de escribirlos y que no está en su deseo más que su familia comparta con él esta afición.


Querido diario. Una de fantasmas. Mañana más





FANTASMAS EN LA SIERRA

Siempre que se hace una historia se habla de un viejo,
de un niño o de sí.
Pero mi historia es difícil:
 no voy a hablarles de un hombre común.
Haré la historia de un ser de otro mundo.
…….
Es una historia enterrada Es sobre un ser de la nada.

Canción del elegido. Silvio Rodríguez (De su disco “Al final de este viaje...” 1978)

En mi adolescencia, en pleno auge de cantautores de todo tipo, me causaba admiración un cubano llamado Silvio Rodríguez.
Una de mis canciones favoritas de él comenzaba con estas palabras: “Siempre que se hace una historia se habla de un viejo, de un niño o de sí. Pero mi historia es difícil, no voy a hablarles de un hombre común. Haré la historia de un ser de otro mundo. Es una historia enterrada, es sobre un ser de la nada”.
Esta canción me vino a la cabeza al empezar a imaginar este libro y he llegado a pensar que son sus palabras las más adecuadas para comenzar mi historia ya que trata de personas comunes, de seres de otro mundo, son historias de seres de la nada.
En mi familia, cuando nos reunimos en la casa heredada de mi madre, tenemos la costumbre de salir a dar un paseo cuando cae la noche, con la única luz de la luna y las estrellas.
Esta casa está situada en pleno corazón de la Sierra de Segura, en el término municipal de Santiago-Pontones, en una aldea llamada Peguera del Madroño y está llena de lugares especiales como el Tornajo, la Lomica del Arenal, el horno, el Portillo, los Llanos y naturalmente sus calles y sus genes. También podemos disfrutar, en los alrededores, de parajes tan singulares como el Collado de la Mora, el Puntal de la Misa, la Fuente de los Cuatro Caños, la Cueva del Agua, el Collado de Góntar, un dolmen prehistórico o el pantano de las Anchuricas, por nombrar algunos.
Cuando salimos a pasear de noche, a veces el cielo está plenatamente lleno de esos maravillosos puntitos que brillan, otras veces, bien por alguna nube o bien por esa inmensa luna llena, no se pueden apreciar.
Pasear por la noche, en cualquier época del año es una costumbre que nadie quiere perderse y cuando ya es noche cerrada y alguien dice que se va a pasear todos los demás presentes se apuntan y comienza uno de los momentos más emocionantes y más esperados por todos.
Empezamos contemplando las estrellas y constelaciones que adornan el cielo, siempre buscamos la Osa Mayor y a partir de ahí vamos recordando el nombre de las estrellas y constelaciones que conocemos: Vega, Arturo, Antares, Alkaid, Casiopea, Cefeo, Escorpio, etc. Pero, sin lugar a dudas, lo más maravilloso es contemplar, a simple vista, la Vía Láctea, que allí la llaman El Camino de Santiago. Algunas veces, si está bien posicionado, podemos contemplar un pequeño puntito rojizo que corresponde al planeta Marte.
Volvemos del paseo y vamos al tornajo, que es un sitio con un encanto especial: es una fuente de agua pura y fresca donde solemos llenar a diario las botellas de agua, también hay un espacio hecho de cemento donde antiguamente las mujeres iban a lavar la ropa y además es el antiguo abrevadero del cortijo donde iban mulos y burros a saciar su sed.
Después comienza otro ritual, posiblemente más espe-
rado sobre todo por los más pequeños, que consiste en rela- tar todas esas historias que corren de boca en boca y de generación en generación y que tratan temas de misterio, de fantasmas o de aparecidos.
Con este libro pretendo recoger algunas de estas historias, tantas veces repetidas, pero no por eso exentas de poder olvidarse y que me han sido contadas por otros fami- liares o por lugareños prestos a contarlas siempre que haya alguien dispuesto a oírlas.
Estas historias no son fruto de la imaginación de los lugareños, sino que son sucesos ocurridos a familiares, amigos o vecinos que me han ido contando a través de los años.
Las contaré siendo lo más fiel posible al relato original y me permitiré sólo la pequeña licencia de adornar, en mi pobre entender, el relato a fin de hacerlo más atractivo. Algunas de estas historias están contadas en primera persona. Y lo he hecho así porque por suerte o por desgracia, esto nunca se sabe, yo he sido protagonista en un par de ellas.
Como es lógico he cambiado algunos nombres, tanto de los lugares donde han ocurrido los hechos que se cuentan en estas pequeñas historias o de las personas que aparecen en ellas, ya que algunas todavía viven y me han manifestado el deseo de no aparecer en este libro de relatos de misterio.
             Sin embargo, sí he respetado el nombre de las personas de mi familia                 que aparecen en estos relatos, no sé si por vanidad o como un                             homenaje a todas las personas que han convivido conmigo, me                           quieren, respetan y aplauden este trabajo.





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